Autonomía y persistencia en contra de las prisiones. Palabras de la compañera Mónica Caballero

Desde hace casi un mes fui trasladada a la prisión que tendré que cumplir condena, el CPF de Santiago. Esta cárcel posee una estructura bastante atípica en comparación a otras prisiones de este territorio ya que en algunas zonas mantiene los cimientos del antiguo convento que cumplía la «labor correccional para las malas mujeres», desde ahí se han construido distintos módulos y secciones. Dentro de las secciones que se levantaron para segregar a grupos específicos de presas, están: La Sección Especial de Alta Seguridad (SEAS), Nueva Esperanza y Custodia Directa.

SEAS nació principalmente para albergar a las presas por delitos de violencia política en la década de los 90′, en esos años, aquellas presas pertenecían a grupos político/militares/subversivos (FPMR, MIR, Mapu-Lautaro). Con la salida de las presas políticas poco a poco comenzaron a ocupar la Alta Seguridad reas que tenían antecedentes de fugas y/o refractarias al régimen penitenciario y cabecillas de bandas de tráfico. Hasta el año 2010 fue en donde las presas por violencia política volvimos a pisar el SEAS, el primer «Caso Bombas» consiguió que las primeras antiautoritarias tomáramos la hebra de lucha dejada por las primeras presas políticas. Con el pasar de los años el SEAS continuó con la misma dinámica, hasta hace unos poquitos años en donde dicha sección se usa para mantener a presas mientras se habilita otro espacio permanente para ellas.

A mi llegada a este penal se me informó que el SEAS volvería a ser el lugar de antaño, por lo que si o si tendría que estar en él. Todo esto quedó en nada ya que, hoy en día se mantienen un grupo de unas 60 mujeres aproximadamente traídas desde la cárcel de San Miguel, estas mujeres viven en condiciones deplorables.

Otro de estos módulos especiales es «Nueva Esperanza», el cual tiene única y exclusivamente a mujeres por delitos de lesa humanidad, todas estas presas fueron responsables de algunas de las tantas atrocidades ocurridas en dictadura, me refiero a torturas, desapariciones, secuestros permanentes, homicidios, etc. En su mayoría estas mujeres son ex uniformadas de las F.F.A.A. y de las fuerzas de orden y seguridad. Si bien, desconozco las condiciones de vida de las torturadoras, ya que se tiene un especial cuidado en todo lo que las rodea, pero aun así me atrevería a asegurar que ellas viven en un lugar mas parecido a una casa de reposo que una cárcel.

Por último está el modulo que actualmente me encuentro, Custodia Directa. Esta sección nació ante la necesidad de segregar a presas por delitos violentos y de alta connotación mediática, esto con el transcurso de los años se ha mantenido en alguna medida. También se ha usado esta sección para mantener casos muy puntuales de mujeres por violencia política, entre estos estuvo una ex militante del FPMR y ahora yo.

Desde que ingresé a esta cárcel tanto mis compañeras como yo, hemos solicitado por las distintas instancias burocráticas de gendarmería la autorización para tener continuidad de mis estudios universitarios que comencé el año 2022 en la cárcel de San Miguel. Lo que no se ha autorizado.

Hace algo más de dos años atrás conseguí ser la primera interna estando en prisión preventiva en Santiago en iniciar estudios universitarios. Asunto que no estuvo exento de problemas, los cuales uno a uno fueron resueltos gracias al conjunto de voluntades solidarias que consiguieron que hasta el día de hoy esté cursando mi tercer año como estudiante en la carrera de Derecho.

En ésta cárcel no he podido retomar mis estudios porque según lo informado por el personal de gendarmería, solamente falta la autorización del Director Regional, quien se puede tomar todo el tiempo que estime conveniente para simplemente gestionar la continuidad de algo que ya lleva años realizándose.

Parece increíble que no se den las facilidades y que se pongan impedimentos en algo que parece ser tan básico y esencial como lo es estudiar, no podemos obviar que las estructuras de poder son capaces de romper sus propias normas una y otra vez, según su conveniencia.

¿Qué será lo que teme los altos mandos de gendarmería para o dar curso a la autorización que no me permite estudiar? ¿Tendrán ordenes directas desde el ministerio de justicia u otro organismo? o ¿Será que tiene aprensiones en que si da la autorización la población penal sepa que no existe ningún impedimento legal que no les permita tener estudios superiores estando en prisión? o tal vez ¿Están agotando todas las instancias en evitar que una presa (a la que ellxs denominan como común, pero que mantienen regímenes bastante «poco comunes») tenga conocimientos legales? Sea cual sea la respuesta por mi parte exijo que cumplan sus propias leyes y que me permitan mantener mis estudios universitarios.

Para esto apelo a todas las formas de solidaridad que puedan presionar a la dirección regional y nacional de gendarmería para que den curso a las autorizaciones pertinentes para que pueda seguir estudiando.

Con todo esto reafirmo que por mayor grados de autonomía la única opción para quienes elegimos el camino negador en contra de la dominación es la persistente lucha, la cual se quedaría entre estos muros si no fuese por las decenas de manos solidarias.

Mónica Caballero Sepúlveda
Presa Anarquista
Mayo 2024

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